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martes, 19 de enero de 2016

El peso del vaso de agua

Un conferencista hablaba sobre el manejo de la tensión. Levantó un vaso con agua y preguntó al auditorio:

-Cuánto creen ustedes que pesa este vaso con agua?

Las respuestas variaron entre 20 y 500 gramos. Entonces el conferencista comentó:

-No importa el peso absoluto. Depende de cuánto TIEMPO voy a sostenerlo. Si lo sostengo por un minuto, no pasa nada. Si lo sostengo durante una hora, tendré DOLOR en mi brazo. Si lo sostengo durante un día completo, tendrán que llamar una ambulancia. Pero es exactamente el MISMO peso, pero entre más tiempo paso sosteniéndolo, más pesado se va volviendo. 

-Si cargamos nuestros PESARES todo el tiempo, luego, más temprano o más tarde, ya no seremos capaces de continuar, la carga se irá volviendo cada vez MAS PESADA. Lo que tienes que hacer es DEJAR el vaso en algún lugar y descansar un poco antes de sostenerlo nuevamente. Tienes que dejar la carga de lado periódicamente, ¡de la forma que sea! 


-Es reconfortante y te vuelve capaz de continuar. Entonces, antes de que vuelvas esta noche a tu casa, deja afuera el pesar, en un rincón. No lo lleves a tu casa. Mañana podrás recogerlo otra vez, al salir.



-La vida es corta… Aprovéchala!

jueves, 7 de enero de 2016

Mirando el Sol

Un discípulo acude a donde su maestro para pedirle enseñanzas. El maestro le explica: 
 El gran secreto está en la observación. Nada escapa a la mente observadora y receptiva. Ella misma se convierte en la enseñanza. Observa, siéntate en la playa y mira cómo el sol se refleja en las aguas. Permanece observando tanto tiempo como te sea necesario; lo que te exija la apertura de tu corazón y de tu comprensión”.
 

Durante varios días el discípulo se mantuvo en atenta observación, sentado a la orilla del mar. Vio al sol reflejándose sobre las aguas del océano, unas veces tranquilas y otras encrespadas. Miró las leves ondulaciones de las aguas cuando el mar estaba en calma, y las ondulaciones gigantescas cuando estaba en tempestad. Observó atento y ecuánime, meditativo y alerta. Paulatinamente fue desarrollando la comprensión y abriendo su corazón. Su mente comenzó a cambiar, y su consciencia encontró otro modo mucho más rico de percepción.
El discípulo, muy agradecido, regresó junto al maestro quien le preguntó:

Has aprendido a través de la observación?
—Sí..repuso satisfecho el discípulo— ...Llevaba años efectuando los ritos, asistiendo a las ceremonias sagradas, leyendo las escrituras, pero no había comprendido. Unos días de observación me han hecho comprender. El sol es nuestro ser interior siempre brillante, sin afectación alguna. Las aguas no le mojan, y las olas no le alcanzan, está ajeno a la calma y a las tempestades aparentes. Siempre permanece inalterable, es siempre él mismo.
—Es una enseñanza sublime. Es la enseñanza que se desprende del arte de la observación.