Había una vez un rey que ofreció un gran premio a aquel artista que
pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas lo
intentaron. El rey observó y admiró todas las pinturas, pero solamente
hubo dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.
La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo
perfecto donde se reflejaban unas placidas montañas que lo rodeaban.
Sobre estas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas.
Todos quienes miraron esta pintura pensaron que esta reflejaba la paz
perfecta.
La segunda pintura también tenía montañas. Pero estas eran escabrosas
y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un
impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar
un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada
pacífico.
Pero cuando el Rey observó cuidadosamente, vio tras la cascada un
delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se
encontraba un nido. Allí, en medio del rugir del la violenta caída de
agua, estaba sentado placidamente un pajarito en su nido...
Paz perfecta...?
El Rey escogió la segunda.
"Paz no significa estar en un lugar sin
ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que a
pesar de estar en medio de todas estas cosas permanezcamos calmados
dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado dela paz."dijo el Rey.
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viernes, 22 de enero de 2016
lunes, 11 de enero de 2016
Las llaves de la felicidad
En una oscura y oculta dimensión del Universo se encontraban reunidos
todos los grandes dioses de la antigüedad dispuestos a gastarle una gran
broma al ser humano. En realidad, era la broma más importante de la
vida sobre la Tierra.
Para llevar a cabo la gran broma, antes que nada, determinaron cuál
sería el lugar que a los seres humanos les costaría más llegar. Una vez
averiguado, depositarían allí las llaves de la felicidad.
-Las esconderemos en las profundidades de los océanos -decía uno de ellos-.
-Ni hablar -advirtió otro-. El ser humano avanzará en sus ingenios científicos y será capaz de encontrarlas sin problema.
-Podríamos esconderlas en el más profundo de los volcanes -dijo otro de los presentes-.
-No -replicó otro-. Igual que sería capaz de dominar las aguas, también sería capaz de dominar el fuego y las montañas.
-Y por qué no bajo las rocas más profundas y sólidas de la tierra? -dijo otro-.
-De ninguna manera -replicó un compañero-. No pasarán unos cuantos miles
de años que el hombre podrá sondear los subsuelos y extraer todas las
piedras y metales preciosos que desee.
-Ya lo tengo! -dijo uno que hasta entonces no había dicho nada-. Esconderemos las llaves en las nubes más altas del cielo.
-Tonterías -replicó otro de los presentes-. Todos sabemos que los
humanos no tardarán mucho en volar. Al poco tiempo encontrarían las
llaves de la Felicidad.
Un gran silencio se hizo en aquella reunión de dioses. Uno de los que
destacaba por ser el más ingenioso, dijo con alegría y solemnidad:
-Esconderemos las llaves de la Felicidad en un lugar en que el hombre,
por más que busque, tardará mucho, mucho tiempo de suponer o imaginar...
-Dónde?, dónde?, dónde? -preguntaban con insistencia y ansiosa
curiosidad los que conocían la brillantez y lucidez de aquel dios-.
-El lugar del Universo que el hombre tardará más en mirar y en
consecuencia tardará más en encontrar es: en el interior de su corazón.
Todos estuvieron de acuerdo. Concluyó la reunión de dioses. Las llaves
de la Felicidad se esconderían dentro del corazón de cada hombre.
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