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sábado, 16 de enero de 2016

El Gran Palacio de la Mentira....

Todos los duendes se dedicaban a construir dos palacios, el de la verdad y el de la mentira. Los ladrillos del palacio de la verdad se creaban cada vez que un niño decía una verdad, y los duendes de la verdad los utilizaban para hacer su castillo. Lo mismo ocurría en el otro palacio, donde los duendes de la mentira construían un palacio con los ladrillos que se creaban con cada nueva mentira. Ambos palacios eran impresionantes, los mejores del mundo, y los duendes competían duramente porque el suyo fuera el mejor.
Tanto, que los duendes de la mentira, mucho más tramposos y marrulleros, enviaron un grupo de duendes al mundo para conseguir que los niños dijeran más y más mentiras.
Y como lo fueron consiguiendo, empezaron a tener muchos más ladrillos, y su palacio se fue haciendo más grande y espectacular. Pero un día, algo raro ocurrió en el palacio de la mentira: uno de los ladrillos se convirtió en una caja de papel. Poco después, otro ladrillo se convirtió en arena, y al rato otro más se hizo de cristal y se rompió. Y así, poco a poco, cada vez que se iban descubriendo las mentiras que habían creado aquellos ladrillos, éstos se transformaban y desaparecían, de modo que el palacio de la mentira se fue haciendo más y más débil, perdiendo más y más ladrillos, hasta que finalmente se desmoronó.
Y todos, incluidos los duendes mentirosos, comprendieron que no se pueden utilizar las mentiras para nada, porque nunca son lo que parecen y no se sabe en qué se convertirán.



La vida se trata en nadar contra la corriente, dentro de un mar lleno de gente hipócrita. Hay que tener mucho cuidado porque algunos tratarán de hundirte y otros se agarrarán a ti, haciéndote naufragar.
Si alguien quiere entrar a tu vida,que entre. Si alguien quiere salir, que salga, pero que no se queden en la puerta estorbando!


martes, 5 de enero de 2016

Buscar en el lugar equivocado

Se acercó el discípulo al Maestro, vestido con ropas sannyasi y hablando el lenguaje de los sannyasi dijo:

—He estado buscando a Dios durante años. Dejé mi casa y he estado buscándolo en todas las partes donde Él mismo ha dicho que está: en lo alto de los montes, en el centro del desierto, en el silencio de los monasterios y en las chozas de los pobres.

—Y lo has encontrado? — le preguntó el Maestro.

— Sería un engreído y un mentiroso si dijera que sí. No; no lo he encontrado...Y tú?

Qué podía responderle el Maestro? El sol poniente inundaba la habitación con sus rayos de luz dorada. Centenares de gorriones gorjeaban felices en el exterior, sobre las ramas de una higuera cercana. A lo lejos podía oírse el peculiar ruido de la carretera. Un mosquito zumbaba cerca de su oreja, avisando que estaba a punto de atacar...

Y sin embargo, aquel buen hombre podía sentarse allí y decir que no había encontrado a Dios, que aún estaba buscándolo.

Al cabo de un rato, decepcionado, salió de la habitación del Maestro y se fue a buscar a otra parte.

lunes, 4 de enero de 2016

Las tres rejas

 Un joven discípulo de un sabio filósofo llega a la casa de éste y le dice:

—Maestro, un amigo tuyo estuvo hablando mal de ti con malevolencia.
— Espera! — lo interrumpe el filósofo...Ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?
— Las tres rejas? — preguntó el discípulo

— Sí, la primera es la verdad...Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?
— No, lo oí comentar a unos vecinos— respondió el discípulo

— Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme,..es bueno para alguien? — agregó el filósofo.
— No, en realidad no; al contrario…— respondió el discípulo
— Ah, vaya!... La última reja es la necesidad.Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?
— A decir verdad, no— respondió el discípulo.

Entonces dijo el sabio sonriendo:
— Si no es verdadero, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.